El periodismo en papel no pasa por sus momentos de gloria. Internet y los gratuitos (en aquellos países donde se han implantado), han provocado un lento declive de los periódicos tradicionales. Generalmente han sido los periódicos locales, con una tirada reducida y con un público muy bien definido, los únicos que han resistido los embates del nuevo periodismo. El resto se han visto obligados a lanzar incontables promociones, que en el caso español terminan obligando al lector dominical a ir provisto de una carretella para avituallarse en el kiosko.
Según cuenta The New York Times esta estrategia defensiva ha pasado a la historia, como mínimo en muchos rotativos norteamericanos. Éstos han descubierto que, incluso retrocediendo unos puntos en circulación podían mantener los ingresos. La clave de todo ello está en los anunciantes, quienes prefieren un periódico con menor circulación pero con un mayor porcentaje de “ávidos lectores” o con una base geográfica más definida. Ello explica decisiones como la de The Dallas Morning News, un rotativo con una tirada superior a 400.000 ejemplares diarios que se autoimpuso recientemente un límite de distribución en las 200 millas alrededor de Dallas, y que en breve impondrá un límite aún más estricto: 100 millas.