Defensa del turismo de golf
El turismo de golf ha sido tradicionalmente una de las bestias negras de numerosos grupos conservacionistas. El impacto de éstos sobre el medio ambiente y, especialmente el consumo hÃdrico que precisan en áreas donde el agua no es un bien abundante son dos de los motivos que se han citado para propugnar su limitación. Asimismo, el hecho de que la mayorÃa de campos de golf vayan vinculados a proyectos residenciales añade argumentos a los detractores de este tipo de turismo.
A pesar de ello, los campos de golf han sido vistos como un motor para el desarrollo turÃstico, por el hecho de que permiten aumentar la oferta turÃstica de una zona determinada. Asimismo, diversos estudios muestran que el turista de golf aprovecha la estancia (generalmente de una semana) para realizar otro tipo de actividades turÃsticas (esencialmente sol y playa, pero también visitas a monumentos, museos u otro tipo de atracciones turÃsticas), con el consiguiente impacto económico que tiene sobre la economÃa local.
He titulado esta entrada “Defensa del turismo de golf”, porque mi posición es moderadamente favorable a este tipo de turismo. Cuando los detractores de los campos de golf argumentan los costes ignoran el coste de oportunidad de no construir un campo de golf. Si tenemos en cuenta que muchas veces la alternativa es la continuación de un modelo de regadÃo obsoleto y devorador de recursos hÃdricos, quizá lo ecológico y sostenible es cambiar de actividad. Tampoco hay que olvidar que el turismo aporta mayores efectos indirectos que la agricultura.
En lo que sà estoy de acuerdo con los grupos conservacionistas en que debe existir un cierto grado de planificación turÃstica. No es necesario, por ejemplo, que cada nueva urbanización cuente con un campo de golf. De hecho, basta sólo con 3-4 campos de golf de cierta calidad para consolidar una zona como destino de golf. Basta con coordinar acciones entre los distintos actores del sector y, especialmente, promover productos de calidad. Más vale media docena de campos de primera categorÃa que cuarenta campos mal diseñados y sin un plan de negocio claro.

muy razonable tu artículo, a pesar de que estoy frontalmente en contra del derroche que estos proyectos suponen en términos medioambientales. Me gustaría complementar el post con el proyecto ya realizado de Esperanza Aguirre de un campo de golf en el Parque de Islas Filipinas en Madrid, pasandose por el alto el compromiso de parque público del anterior gobierno regional.
http://www.20minutos.es/carta/166023/0/parque