Más de uno (y de dos) se habrán preguntado cómo puede una low-cost ganar dinero ofreciendo tarifas tan baratas. Es muy habitual ver ofertas en las que se ofrecen vuelos a Europa por 30, 20 o incluso 1 céntimo de euro. ¿Puede una aerolÃnea vivir con estas cifras? Gracias a Nautilia tenemos algunas pistas.
Según los datos que aporta Easyjet, el punto muerto (el umbral en que los ingresos consiguen superar a los gastos) se consigue con una tasa de ocupación cercana al 95%. Esta figura es claramente superior a la que existÃa tradicionalmente en el sector, en el que tasas de ocupación entre el 60 y el 70% aseguraban la rentabilidad a la aerolÃnea.
Mirando friamente las cifras podrÃamos concluir que una low-cost es, paradójicamente, más ineficiente que una aerolÃnea tradicional, ya que necesita vender como mÃnimo el 95% de plazas para asegurarse la rentabilidad. No obstante, esta premisa no es necesariamente correcta. Este análisis ignora que una importante fuente de ingresos de las low-cost proviene de la venta de extras (desde comida a loterÃas, pasando por artÃculos de duty-free), productos que dejan un amplio margen. En cierto modo siguen el modelo de los cines, en el que buena parte de los ingresos provienen de las palomitas y los refrescos.
Pero hay otro aspecto a tener en cuenta. Gracias al yield management, la ocupación en una low-cost suele ser prácticamente del 100%. En una aerolÃna tradicional, sin embargo, tasas de ocupación superiores al 80% son poco habituales. El objetivo de una low cost pasa por tener el avión lleno (un pasajero más no aporta costes adicionales pero sà deja ingresos), y al mismo tiempo discrimina entre clientes para conseguir que los ingresos por avión sean lo más altos posibles.

